Macri quiere liberar el comercio con México y empresarios temen por ingreso de productos baratos

En cumbre entre el presidente Mauricio Macri y su par Michel Temer, que tuvo lugar en Brasilia, fue el marco elegido para relanzar el alicaído Mercosur, que atraviesa uno de sus peores momentos en lo político y en lo comercial.

La suspensión momentánea de Venezuela, la crisis institucional en el país vecino tras la caída del gobierno de Dilma Rousseff y, en el caso de la Argentina, una economía que todavía no tracciona, conforman un cóctel que sirve para entender por qué el intercambio entre los socios permanece estancado.

Pero, a contramano de la inercia que atravesaba al bloque el año pasado, la aparición de Donald Trump al frente de la máxima potencia mundial le está imprimiendo un nuevo ritmo al Mercosur.

Incluso, hasta una motivación ideológica, luego de que el fin de los gobiernos de Cristina Kirchner y de Dilma Rousseff supusiera, paradójicamente, la “despolitización” del bloque.

Así, mientras que el líder de la Casa Blanca está protagonizando un viraje hacia una postura más aislacionista y contraria al libre mercado, Macri y Temer intentan postularse como los nuevos “garantes” de la globalización.

Para ello están apurando a la Unión Europea para avanzar en la firma del demorado acuerdo de libre comercio, luego de más de dos décadas de trabadas negociaciones.

Sin embargo, el Viejo Continente no es el único objetivo de los dos mayores socios del Mercosur. Tanto la Argentina como Brasil también están tendiendo los lazos para avanzar en un acuerdo más profundo con México, país cuyas exportaciones dependen en un 80% de su relación con los Estados Unidos.

Este nuevo interés por parte de Macri y Temer no es casual.

Las amenazas que lanzó Trump de imponer elevados aranceles a las importaciones de productos mexicanos, la posible construcción de un muro para frenar la inmigración y la presión a empresas estadounidenses para que no inviertan en ese país causaron una conmoción política y económica que está obligando al presidente Enrique Peña Nieto a “recalcular” su estrategia comercial.

La canciller Susana Malcorra afirmó recientemente que "hay que aprovechar las oportunidades que se abran" con los cambios que se vayan dando tras la llegada de Trump.

"Por ejemplo, México, que es un socio privilegiado de EE.UU. pero que está en la mira con la revisión del NAFTA, está decidiendo vincularse mucho más con el sur. Eso es para nosotros una oportunidad”, sostuvo la funcionaria.

“Este Gobierno tiene una profunda convicción de que la apertura, la inserción inteligente desde nuestros intereses, es la única salida, porque estamos convencidos de que al haber estado cerrados no logramos que Argentina se desarrollara”, recalcó la funcionaria.

Claro que este entusiasmo oficial choca de frente con los intereses de gran parte de la industria nacional, que ve en la ampliación de un acuerdo comercial con México una amenaza más que una oportunidad, especialmente en un contexto de caída del consumo doméstico y con una competitividad cambiaria deteriorada.

Para Ariel Schale, director ejecutivo de Fundación ProTejer, en el Gobierno existe "un error de diagnóstico” porque muestra una vocación más aperturista en momentos en que “la puja por los mercados de consumo va a ser feroz”.

Más que palabras
Días atrás, el propio Macri tuvo un contacto telefónico con Peña Nieto para -según afirmó- “ratificar el afecto del pueblo argentino en relación al pueblo mexicano".

En 2016, cuando Trump todavía era una amenaza más que una realidad, el Presidente ya había adelantado que el objetivo final era que “haya un acuerdo de integración absoluta y libre comercio” con México, algo que luego fue ratificado en noviembre pasado por ambas cancillerías con la apertura de las negociaciones para la ampliación del Acuerdo de Complementación Económica (ACE) que rige entre ambos países.

Esto demuestra que los acercamientos son una realidad y no sólo una expresión de deseos.

El ACE, que establece reglas y preferencias comerciales, está vigente desde 1987. Ahora, el principal objetivo es ampliar el universo de productos que no están gravados con aranceles, con el plan final de llegar a un Tratado de Libre Comercio dentro del esquema del Mercosur.

En la cumbre bilateral, ambas partes acordaron avanzar con un plan de trabajo y mantener una nueva reunión en la Ciudad de Buenos Aires durante el primer cuatrimestre.

Oportunidades… y riesgos
México se convirtió en el chivo expiatorio al que recurrió Trump en numerosas oportunidades, acusándolo de dañar a la economía de su país por el enorme déficit que registra el comercio bilateral, del orden de los u$s60.000 millones anuales.

Con el fin de limitar este rojo creciente, Trump está proponiendo sacudir el “status quo”. Y está avanzando en numerosos frentes: comenzando por la renegociación del NAFTA (acuerdo del que también forma parte Canadá) y con la posible imposición de aranceles a los productos mexicanos.

Para la nación comandada por Peña Nieto, cualquier tipo de restricción sería una crisis de enormes proporciones: el 80% de sus exportaciones tienen como destino a los EE.UU.

Hablando en plata, esto representa unos u$s310.000 millones anuales. Para ponerlo en perspectiva, esto equivale a la sumatoria de lo que la Argentina le exportó a todo el mundo entre los años 2012 y 2015.

En este contexto, Dante Sica, director de la consultora Abeceb reconoció que “México es una plaza importante, que compra mucho de lo que consume. En especial, productos alimenticios”, y el Mercosur “tiene una buena plataforma para abrir un acuerdo marco”.

En tanto, el consultor Marcelo Elizondo señaló que “ese país tiene una gran propensión a importar. Y si hay tensión comercial con EE.UU., se pueden abrir oportunidades para la Argentina”.

Alimentos, como leche en polvo, bebidas y pastas figuran entre los principales productos que podrían verse beneficiados por una mayor demanda.

Para Miguel Ponce, ex subsecretario de Industria, “muchas empresas exportadoras pueden encontrarse con una situación interesante a partir de que se complique la relación con Trump. De hecho, el gobierno mexicano ya explicitó que los alimentos que podía dejar de importar de los Estados Unidos comenzaría a comprárselos a la Argentina y Brasil”.

Sin embargo, Sica advirtió que la contracara es que “ellos van a querer vendernos productos y tienen un plataforma industrial muy competitiva”, con una estructura de costos “más eficiente” respecto de la productividad doméstica.

Al analizar el intercambio comercial se observa que la Argentina mantiene una relación deficitaria desde hace una década.

Si bien el rojo de la balanza ha ido en descenso, el año pasado alcanzó una cifra igualmente importante: u$s700 millones.

La incertidumbre que tienen cámaras empresarias es qué sucederá si el Gobierno avanza en un acuerdo para flexibilizar la entrada de productos mexicanos a cambio de poder exportarles más alimentos. 

Sectores bajo la mira


Los mayores riesgos corren por el lado de la industria automotriz, dado que Trump está haciendo de este rubro su principal bandera pro empleo.
“No vamos a dejar que las compañías se vayan a producir a otros países y luego vuelvan a vender los productos, no va a pasar, traeremos de regreso nuestros empleos”, disparó el mandatario, quien amenaza con aplicar un arancel a los autos de ese origen.

Para empezar, ya presionó a todas las grandes terminales. Y a algunas ya les ganó la pulseada.

Ford anunció la cancelación de una inversión de u$s1.600 millones en San Luis Potosí y un nuevo plan de negocios para los EE.UU. En tanto que Fiat-Chrsyler y Toyota también pactaron desembolsos que el magnate festejó. General Motors, otro gigante de Detroit, no para de recibir presiones.

Para México, el tercer exportador de vehículos a nivel mundial, esta medida está representando un golpe demoledor.

“Si se da un escenario en el que los autos mexicanos encuentren algún tipo de dificultad para ingresar a Estados Unidos, se generaría una gran capacidad ociosa y aumentaría la presión de esas empresas por entrar a terceros mercados”, advirtió Gonzalo Dalmasso, economista de la consultora Abeceb.

Además, el experto detalló que “los costos laborales de la industria automotriz argentina son tres veces más elevados que los de la de México. Y si le sumamos el factor productividad, entonces la diferencia es mucho más desfavorable”.

La Argentina está parcialmente “protegida” hasta 2019 frente a México por el Acuerdo de Complementación Económica, que fija que ambos mercados pueden comerciar vehículos libres de aranceles por hasta u$s592 millones anuales. Por encima de ese cupo, cada unidad paga un impuesto del 35%. El cupo, hacia 2019 será de u$s637 millones. A partir de allí caerán los aranceles.

El problemático antecedente que registra la relación bilateral es que ya hubo una experiencia de libre comercio para el sector automotriz: tuvo lugar entre 2006 y 2012, pero el déficit en contra de la Argentina se disparó a tal punto que obligó al gobierno kirchnerista a solicitar la vuelta de las restricciones. 

Ahora, con un escenario más complicado para la industria mexicana, cualquier posibilidad de remoción de los cupos suena a amenaza.

Incluso, para Dalmasso, una crisis con Estados Unidos podría gatillar un redireccionamiento de la producción hacia el sur, que no encontraría trabas aun con dicho arancel del 35%.

Desde AFAC, la principal cámara de autopartistas del país, también reflejaron la preocupación: “Hoy México es una amenaza”, afirmó Juan Cantarella, gerente de la entidad.

“En esta rama de actividad, México tiene un diferencial de costos abrumador, de menos de la mitad que en la Argentina”, agregó.

Además, hay una fuerte preocupación entre los empresarios del sector de línea blanca, que cerraron 2016 padeciendo la entrada de 130.000 heladeras importadas, el triple que en 2015. Y gran parte de los equipos tenían el sello “Hecho en México”.

Pero esta importación fue una pequeña muestra del verdadero potencial de México, que cada año despacha heladeras por más de u$s4.500 millones (principalmente a los EE.UU.), unas 30 veces lo que compra la Argentina en el exterior en condiciones normales.

“Estamos notando un flujo creciente y nos preocupa. Si se desata una guerra comercial y no hay control oficial, vamos a estar en problemas”, aseguró un alto directivo de la cámara que nuclea a los fabricantes y que sintetiza el dilema que hoy representa México: tierra de oportunidades para algunos, socio riesgoso para otros. 

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