El alto costo de la mentira

Por estos días es furor la serie de televisión “Chernobyl”, producida por la cadena norteamericana HBO. Con tan sólo cinco capítulos, relata los hechos ocurridos en la ciudad ucraniana cuando el 26 de abril de 1986 el reactor número 4 de la planta estalló y ocasionó la mayor catástrofe ambiental, económica y por supuesto política de los últimos 50 años.

En el relato, el científico Légasov, que trabajaba para el gobierno soviético, comienza a dar luz sobre los hechos. Reconstruye cómo fue que se llegó a ese punto crítico, buscando respuestas en primer término científicas y técnicas. No obstante, para llegar al meollo de lo ocurrido, deberá desenmascarar una pila de mentiras que los burócratas del Partido Comunista y la KGB querían mantener en el ostracismo, para deslindar responsabilidades.

En el momento del juicio, donde se encuentran en el banquillo los directores de la planta nuclear, Légasov expone cómo funciona un reactor nuclear. Pero en el final de su alocución, toca un tema fundamental para el mundo de la política: la verdad y la mentira. El científico dice: “¿Cuál será el coste de esas mentiras? El peligro es oír tantas mentiras que ya no reconozcamos la verdad”. De este modo, ataca a los políticos encargados del bienestar de la población por encubrir y ocultar lo que sucedía realmente, ya no desde que explotó la terminal de Chernobyl, sino lo que los mismos científicos advertían desde hace más de diez años al gobierno central de la URSS sobre el estado de las centrales nucleares operativas en ese entonces.

Al margen de la épica construida por los guionistas y escritores de la serie, marcada por las nociones de producción cultural de EE.UU. la idea de que el pueblo paga el costo de las mentiras es atemporal y parece que siempre aplica, sin importar las circunstancias ni la gravedad en ellas detectada.

Las elecciones en nuestro país volverán a poner en el centro de la escena la mentira y las falacias que los políticos ponen muchas veces en acción con tal de salirse con la suya: ejercer el poder.

Supongamos que al día de hoy, Légasov (quien se suicidó en 1988) estuviera frente a la pantalla de una tele y escuchara lo que el Gobierno relata. Y viera, al salir a la calle, otra imagen, muy distinta al discurso oficial. Pensaría que no hay diferencias, que las mentiras generan un costo altísimo como la pobreza, el desempleo, la falta de institucionalidad y de justicia, entre otras cosas.

Este contrafáctico ejercicio, más allá de especular, es para poner claro sobre oscuro. Distinguir que quienes demonizan constantemente al enemigo, como la única forma de hacer política, incurren en la misma falta: tapar con mentiras la realidad y hacer de las mentiras algo socialmente naturalizado. En 2015, Mauricio Macri prometió pobreza cero, que los trabajadores no iban a pagar ganancias, que no iba a devaluar y que las inversiones harían crecer al país… Luego la pesada herencia complicó esa tarea. Claro, ¿cómo lograr sacar al país adelante si el kirchnerismo (o los que estaban antes) dejó al país en ruinas?

En octubre se elige presidente y la oportunidad de cambiar el rumbo se presenta a la vuelta de la esquina. ¿El pueblo podrá discernir y salir del entramado de mentiras para cambiar la realidad mediante su voto? ¿Podrá reconocer la verdad luego de cuatro años de gestión de engaño permanente? Los hechos demuestran que la mentira es el causante de las grandes tragedias nacionales y de la humanidad. No hay guerra, tanque, rifle u operación política y judicial que no tenga en su génensis el engaño como matriz.

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