El clásico sudamericano

Con la reunión anual del G20, ese lugar donde los países centrales y los que se encuentran en vías de desarrollo se juntan para hablar sobre las preocupaciones políticas, económicas y sociales de las naciones, desde hace una semana sólo se habla de lo que Argentina se trajo como premio. Un convenio que, dicen los que saben, se viene gestando desde hace 20 años y  que recién hoy pudo concretarse. En ese sentido, Mauricio Macri sigue acelerando el paso en la dirección que ha elegido desde el 2015 y con total firmeza y convicción asiente y afirma que el país vuelve al mundo y se sigue abriendo al escenario internacional.

Nuevamente el Gobierno incurre en una de sus peripecias comunicacionales para querer vender sus espejos de colores como progreso, desarrollo y bienestar. El acuerdo que el Mercosur selló con la Unión Europea (UE) dicen que será beneficioso para las posibilidades comerciales de Argentina. En el contexto de la decisión y la firma ya rubricada con las naciones del Viejo Continente, cabe hacer algunas aclaraciones no menores al respecto. Las mismas son no solamente en el sentido específico de criticar a medida en sí, sino tratar de ampliar el conocimiento sobre la cuestión y dilucidar que poco y nada tiene de beneficioso para estas tierras.

En principio, como el título lo indica, el acuerdo es del Mercosur. La pequeña liga de naciones de Sudamérica adhiere a esta medida aunque algunas si podrían tener beneficios y otras no tanto. Pensemos que Argentina y sobre todo Brasil son aquellos integrantes de mayor caudal en lo que a la industria, comercio y política refiere. De todas formas, el resto de países ha hecho una gran evolución en sus números y en su capacidad, gracias a una década de bonanza regional que permitió el desarrollo de aquellos que venían más relegados. El caso emblemático es el de Bolivia, central en este análisis, para entender lo que sucede con la UE.

Por carácter transitivo las economías de Brasil y Argentina no son iguales entre sí ni con el resto. Son países con una clase media dentro de todo afincada, industria propia y con convenios comerciales propios. Lo que Europa pide y necesita perjudica a la Argentina desde un principio, tanto por lo que se le exige como por lo que implica para Brasil: un efecto cascada que baja desde el norte y le pega a nuestra nación por ambos lados. Las bajas en las trabas arancelarias, el meollo que desde el Gobierno nacional entienden es el mayor hito y que favorecerá el devenir y el desarrollo, son una falacia. La economía local volvió desde el inicio de la gestión Macri a retroceder los pocos casilleros que había avanzado, para renovar los votos de la primarización de las actividades comerciales. Esto es todo al campo y al rubro financiero (bancos).

El negocio de exportar materias primas es más un simbolismo que el mismo beneficio a percibir. O sea, creemos que somos grandes por abastecer de alimentos o lana y algodón (inflamos el pecho pensando que allá fabrican cosas con lo que sale de nuestra tierra) pero luego debemos comprar a Francia o Alemania la cosechadora y el tractor que permiten extraer esos artículos de la tierra. El engaño de este pacto reside allí: siempre Europa tendrá una ventaja enorme y sacará rédito del 110% en cualquier operación comercial. La maquinaria industrial no se compara. En ese lugar Argentina pagará costos muy altos en lo que sucederá de acá a 20 años, cuando las desgravaciones aduaneras locales lleguen a cero para productos importados.

Paréntesis para Bolivia. Como se dijo antes, es la bolilla distintiva de esta tómbola del acuerdo con la UE. Enseguida aquellos detractores y críticos del gobierno de Cambiemos salieron a tirar por tierra la alianza con el mercado común europeo, otros tantos fanáticos del lado cambiemita empezaron a contrarrestar la crítica con el caso boliviano. El detalle radica en que el país que maneja Evo Morales no tiene una economía similar ni llega a compararse con la de Argentina. Pensemos: un país que hizo de su mayor commodittie (gas y minerales) un imperio. No tiene tierras fértiles en su mayoría, ni una salida al mar. Debe importar muchos artículos pese al notable avance conseguido en estos 15 años con Morales. En ese caso el acuerdo con UE sí podrá traerle más beneficios que perjuicios si comparamos con el caso argentino, aunque no hay que olvidar que los europeos nunca se atreverían a llevar adelante semejante acción sin saber que van a llevarse una tajada importante. Hasta Uruguay, en el mismo sendero que Bolivia, puede sacar más rédito al asunto.

Nuevamente la comunicación del Gobierno se dirige a intentar dar un salto de optimismo y captar votantes. En la carrera electoral a octubre y a un mes de las PASO, desde la Casa Rosada se valdrán de cualquier artimaña para crear esa sensación de ética, bienestar y carga positiva. Este cuadro muestra que, sin importar el encuestador consultado, Macri juzga como posible una derrota y a pesar de las advertencias del “Círculo Rojo” para bajarse, ir en el mismo sentido y acelerando sólo demuestra que el camino elegido es netamente el peor. Seguir generando desempleo, baja en el consumo y acrecentar la pobreza y la marginalidad sobre un sistema productivo destruido pone en la mesa las cartas que se juegan desde el 2015: el neoliberalismo en una nueva fase.

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