El dedo mágico

Tan aquilatada está la situación política que ni el debate presidencial del domingo pasado mueve el amperímetro ni las tensiones pertinentes del contexto. En otro momento, si apelamos a la memoria emotiva, la víspera de los 10-15 días previos a la elección de un nuevo presidente. Se veía más enjundia, más locura, más acción y respuesta de un candidato a otro. Nada de eso se está percibiendo y las chicanas son acordes a la situación, con poco y nada que mostrar.

Lógicamente que el resultado de las PASO pone por un lado un paño de mesura para los que quieren que Cambiemos se vaya y por el otro, una épica edulcorada del “sí se puede” dar vuelta y tratar de ganar la contienda. De esta manera un resultado casi cantado trae la tranquilidad de que lo malo está por dejar de ser y lo bueno está por venir, o al menos una situación mejor a la actual tanto desde lo económico como desde lo social. La elección 2019 en definitiva es una barrera que descomprime las tensiones de la calle y llama a la tranquilidad y la mesura, mezcladas obviamente con la ansiedad del tan esperado momento de ir a las urnas. La psicología del momento puede decodificarse en este sentido.

Volviendo al debate, el primero de los que se llevarán a cabo, dejó muy pocas impresiones para el análisis. De los candidatos más fuertes o de mayor tracción de votos (Fernández y Macri) se vio lo que muchos esperaban y nada más. Sí sorprendió la vehemencia con la que el candidato del Frente de Todos salió a hablar en su primera intervención de la noche, con una alocución directa, hablándole al pueblo/electorado/público espectador diciéndole “mentiroso” al Presidente por no cumplir con nada de lo que prometió en la misma instancia pero de hace cuatro años atrás.

Tan medido y moldeado el asunto (decirle debate es incorrecto, más bien fue una exposición) que las críticas y los momentos más llamativos fueron a cuenta del resto de los candidatos allí presentes. Nicolás Del Caño y su “minuto” de silencio por Ecuador; un Roberto Lavagna que se lo vio acartonado y falto de tiempo para las exposiciones; Juan José Gómez Centurión que se las ingenió siempre para llevar los ejes temáticos a la idea de “cuidar las dos vidas” y su exceso en los tiempos de exposición. Por último, José Luis Espert mostró una mejor gimnasia para el discurso y el respeto de los tiempos pero falto de contenido y de fuerza en varios momentos.

Al finalizar el encuentro, los medios hegemónicos recayeron entonces en el último comentario que Mauricio Macri hizo en su exposición final. “Volvió el dedito acusador” y “parece que el kirchnerismo no ha cambiado los modos” fueron para los expertos analistas el momento de mayor expresividad y dureza del candidato oficialista en toda la noche. Muchos lo comparaban con una pelea de boxeo: Alberto F. ganaba por puntos y de repente, un ataque directo y lascerante de Macri en el final.

Esta medida de los hechos, al decantar con los días, deja en claro varias ideas. Primero que la política, como tal, está vacía y se rige por las formas más que por el contenido y la argumentación sólida. De una u otra forma, el dispositivo que los medios de comunicación extienden llega a todo lugar y tiempo. Por ejemplo la modalidad de debate, donde no hay periodistas que preguntan o repreguntan, sino que siguen un modelo guionado donde son “moderadores” y no actores partícipes en pos de reflejar la claridad y la inquietud y las dudas del electorado.

En segunda instancia se nota un poco preparación en los temas a tratar por los candidatos. Es decir que las plataformas y programas de gobierno de cada uno de los candidatos no se venden o no se ven bien expresados al mismo tiempo que carecen de solidez y consistencia argumentativa. Si alguien de otro lugar, que no sabe nada de Argentina, viene y mira el debate, entenderá poco y nada salvo que hay que elegir un presidente en 12 días. Tan poco claro es el asunto que se convierte en un gris de palabras y de dichos. Fiel reflejo de lo que la política muchas veces muestra con sus acciones en el día a día.

Por último la vedette de la noche: el dedito acusador de Alberto Fernández. Claramente ese gesto, que puede ser interpretado como de cierto rasgo de imposición de autoridad pero no de autoritarismo per se, le sirvió a Macri para volver a (re) encantar a su electorado, a los que ya están convencidos de votarlo en octubre. Puede decirse que si  el candidato del FdT agita un dedo, un brazo o una mano es porque tiene sangre y siente lo que dice, expresa más un concepto genuino de debate que la frialdad del teleprompter o del coaching que el candidato de Juntos por el  Cambio mostró en los 14-15 minutos que debió exponer sus ideas a lo largo de la noche de Santa Fe. Aquí es donde se decide la elección: ¿un sujeto producto del marketing político o alguien que con espontaneidad y actitud sanguínea expresa lo que piensa? El domingo próximo habrá un segundo round previo a los comicios, aunque la instancia ya parece definida sin necesidad que un debate cambie el curso de los hechos.

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