Hizo casi todo bien el Gobierno esta vez en el debate de la Ley de Bases y el paquete fiscal. A diferencia del verano, que consiguió la aprobación en general, pero terminó devolviendo el proyecto a comisión cuando se le deshilachaba todo el texto, esta vez cedió en las cuestiones necesarias para obtener el bien mayor: la ley. A tiempo, terminó entendiendo el Gobierno que no hay peor ley que la que no sale, y así llegó al recinto el jueves pasado cumpliendo una regla básica para todo oficialismo: la certeza de que contar con los votos necesarios para ganar. Condición indispensable que no siguió en febrero -y así le fue-, pero cumplió el jueves; como también lo había hecho el 30 de abril en Diputados y el 12 de junio en el Senado. Más allá de que en esta última Cámara se encontró con alguna sorpresa en la votación en particular, pero hay imponderables que no se pueden evitar cuando los números están muy ajustados. No es lo que pasó en la última sesión. Si bien circularon versiones de que los números estaban muy finos en Ganancias y hasta algunos encendieron luces de alarma, es muy probable que esas mismas especies hayan circulado a instancias del oficialismo y sus aliados, o la gente de UP, pues poroteos desinteresados que especialistas hicieron en la previa no hacían prever un revés, que no sucedió. Al final, esa votación “ajustada” terminó favoreciendo al oficialismo por 20 puntos de ventaja. No es la megaley tan ambiciosa que el Gobierno mandó al Congreso a fines del año pasado; el ómnibus terminó siendo una combi, es el chiste ya remanido. Y hasta Unión por la Patria se permitió ironizar con el tema, como cuando en el discurso de cierre, el presidente de esa bancada, Germán Martínez, mostró una caja grande -que semejaba la que le llevó el entonces ministro del Interior Guillermo Francos el 27 de diciembre pasado a Martín Menem, con el proyecto de 664 artículos en su interior-, y en la otra mano una cajita pequeña representando cómo quedó el proyecto.   Podrán hacer los comentarios más sarcásticos, pero siguen siendo textos que abarcan una extensa cantidad de temas y rubros, aunque su aprobación representa mucho más que herramientas para esta administración: es la muestra de gobernabilidad que el Gobierno de minoría más extrema en la historia argentina necesitaba exhibir. Incluso esas concesiones caen bien, porque hablan de un gobierno dispuesto a consensuar. Le costó bastante entenderlo a su líder, que se quedó ahora sin una excusa que le encantaba dar: la de que la oposición no lo deja gobernar. En plena sesión del jueves, se lo recordó la diputada Margarita Stolbizer al presentar una cuestión de privilegio contra el propio presidente, reprochándole entre otras cosas que dijera en Alemania (textual): “No solo la política no nos acompañó en estos primeros meses de gestión, porque no nos votó ninguna ley, sino que fue una máquina de impedir todo el tiempo”. Le recordó esta diputada -que votó casi todo a favor en la madrugada del viernes- que en lo que lleva de gestión, “el Poder Ejecutivo solamente envió una ley en diciembre; otra en enero, cero en febrero, cero en marzo, cinco en abril -que están en tratamiento en comisión-, dos en mayo -que están en tratamiento en comisión- y un solo proyecto de ley en junio”. Esa cuestión de privilegio fue más allá de esa cita, pues Stolbizer se indignó porque el presidente dijera en Alemania que la oposición “no solo no ayudó, sino que además desde el primer momento intentaron hacer un golpe de Estado”, cosa que consideró “de una gravedad absoluta en boca de un presidente de la Nación”. El oficialismo celebró con entusiasmo la aprobación de estas leyes, pero también lo hizo la oposición dialoguista, que sintió alivio. Y se ven con las manos libres para marcar ahora su propia agenda. O al menos intentarlo, pues tampoco es que vayan a romper los puentes que se han construido con el Gobierno. Por caso, en Diputados hay una sesión pedida para el próximo miércoles 3 de junio, para tratar los temas educativos. Desde esa oposición confesaron a este medio que están replanteando la cuestión, pues en la negociación por Ganancias hubo un pedido del Gobierno para que el tema educativo quedara para más adelante. Quien también siente que sus manos están libres es el expresidente Mauricio Macri, que escribió el viernes temprano un tuit que bien vale desmenuzar. “A pesar de haber perdido casi seis meses en discusiones que podrían haberse evitado o acelerado, finalmente la Ley Bases fue sancionada. Felicito a los bloques del Pro por su impecable tarea”, expresó el presidente del Pro, que en breves palabras incluyó un reproche al Gobierno por haber demorado tanto en el tratamiento, y ponderó a los legisladores de su propio partido, a los que resalta como claves a la hora de defender la ley. Y agregó: “Cambios fundamentales que nosotros impulsamos, apoyamos y en los que creemos ya pueden llevarse a cabo. El Gobierno nacional tiene ahora las herramientas para avanzar a la velocidad que la situación necesita”. O sea, ya no hay espacio para quejas, le dice al Poder Ejecutivo, que se muestra cada vez más distanciado de quien eligió para presidir su partido cuando él dejó el poder, y que es claramente partidaria de hacer “causa común” con La Libertad Avanza. Fue una observación que dejó también quien fuera compañero de fórmula de Macri, Miguel Pichetto, en el cierre de su discurso: “Me parece que ahora toca gestionar, reglamentar, poner en marcha los mecanismos, es decir, esta visión del futuro de la Argentina. A ver cómo la implementan. Es una tarea que tendrá que abordar el Poder Ejecutivo con mucha decisión a partir de mañana”. “No le tengan miedo a la verdad, porque sino construyen un relato”, le recomendó Pichetto al Gobierno. Pónganse a gestionar, es lo que les dicen quienes asistieron al Gobierno en estas circunstancias. En el Pro, que a partir de la decisión de su fundador y la candidata presidencial derrotada en la primera vuelta, se sumó camino al balotaje al objetivo de llevar a Javier Milei a la presidencia, reina hoy cierto desconcierto. Pues todos allí saben la situación complicada en que está el partido que, según advirtió a este medio alguien que hoy está trabajando con Horacio Rodríguez Larreta -que jugará en las elecciones del año que viene- tiene su destino atado a la suerte del presidente: si le va bien, le espera el destino de la UCeDé, fagocitada por el peronismo y hundida en la intrascendencia; y si le va mal a esta gestión, el destino del Pro será el del Frente Grande de Chacho Alvarez. De un modo u otro, el destino sería desaparecer. En ese contexto, Juntos por el Cambio ya sería una suerte del extinto FrePaSo, pues hoy solo pervive como sello en la decena de gobernadores ungidos en las últimas elecciones. Con diálogo vigente, pero intermitente, con Javier Milei, Mauricio Macri analiza la manera como se plantará su partido en los tiempos que vienen. Mira preocupado el andar de la economía y lo inquieta un desbarranque. Está convencido de que un fracaso de esta gestión hundirá a las ideas que él representa con Milei. Pero le fastidia la certeza de que La Libertad Avanza no quiere compartir cartel con nadie, menos con el Pro, al que sí quiere absorber como, estima, ya hizo con su electorado. El tema quedó expuesto a cielo abierto en la sesión del jueves/viernes. Luego de haber sido el sólido sostén legislativo durante el trámite legislativo de estas leyes, el presidente del bloque Pro, Cristian Ritondo, se proponía decir que su partido apoyaba a esta gestión porque desde hace “más de 20 años como partido trabajamos por un país moderno y libre, para fomentar al sector privado y promover la competencia”. Pero antes aclaró que “no somos cogobierno”, lo que despertó un “nooo” irónico del bloque Unión por la Patria, a lo que rápido de reflejos Ritondo replicó: “¡Si tienen más ustedes que nosotros!”, y se llevó los aplausos de su bancada. En efecto, en el partido que preside Macri saben bien que en el Gobierno son especialmente refractarios a incorporar miembros del Pro, prefiriendo incluso mantener puestos ocupados por funcionarios que vienen de la gestión de Alberto Fernández. Y tiene la sensación también Macri de que una fusión para las próximas elecciones tendría los principales lugares ocupados por gente propia. Ya le llegó al expresidente el comentario despectivo de una encumbrada figura del partido gobernante que muy suelto de cuerpo lanzó: “Al Pro le damos del décimo lugar para abajo”. Por eso Macri es cuidadoso en los pasos a seguir. Y como dijimos, lo preocupa, como al Gobierno en general, el andar de la economía. Los mercados no recibieron alborozados el viernes la aprobación de las dos leyes, pues ya lo descontaban. Ahora quieren ver al Gobierno andar con esas herramientas. Todos saben que ninguno de los planes funcionará hasta tanto no se haya salido del cepo. Por eso se acelera lo que definen como la “segunda fase”, para la cual es imprescindible una asistencia del Fondo Monetario, con el que el presidente acaba de protagonizar un incómodo -por no decir insólito- cortocircuito.

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